sábado, 9 de noviembre de 2013

El destino manda

“Esperando algún día tener respuesta de ti, aquella respuesta que me diga que aun vives, que aquel tic tac sigue sonando dentro de ti, sigo esperando algún día, que me digas -chaval volviste-“

Ella tardaba 45 minutos arreglándose para irse de Uni, él vivía recordando su pasado, ella era fan de la comida italiana, el saboreaba los antojitos mexicanos, ella enamoraba a más de tres con su sonrisa, él le reclutaba personal al diablo, ella podía dejar su vida por aquel príncipe azul que llegaría pasando los 20, el dejaba su vida en bares de mala muerte y minas desconocidas, es tan perfecto el destino que ellos no estaban destinados ni si quiera a conocerse, se imaginan que haría una mina tan rosa con un tipo tan jodidamente normal, pero bueno ella corría casi con los ojos cerrados sobre aquella acera que fue donde la asaltaron por primera vez, corría para llegar a tomar el colectivo que le llevaría a casa, el hundido en sus recuerdos se le olvidaba voltear hacia enfrente mientras caminaba, de pronto en un cerrar de ojos hubo un choque cósmico, pareciera como si hubieran chocado un par de galaxias, un choque de trenes, pero no era algo peor, un choque de destinos que no estaban destinados, fue tan grande el impacto que obligo a los dos cuerpos a casi caer al piso, de los labios de ella salió un tímido -perdón- mientras lo veía de frente, por parte de el solo salió un –Discúlpame andaba un poco distraído- justo en ese momento se quedaron viendo como pasa en las películas, ella no podía correr por el miedo de estar frente a un tipo como el, él no podía correr para seguir admirando la belleza de ella, pasaron quizás 30 segundos viéndose de frente, ya para ella, él no estaba tan feo, hubo una de esas conexiones que casi nunca pasa, esas conexiones oculares que cuentan un poco más que lo que la persona te diría con palabras, reaccionar y de nueva cuenta se volvieron a disculpar pero ahora ella sonreía coquetamente, no sé porque pero así lo hizo, fue cuando el tomo aire como si fuera a dar un discurso frente al presidente de la república y de su ronco pecho soltó un:

El: En verdad te pido una disculpa, andaba pensando en otras cosas y no me fije por donde caminaba, pero no se igual y si no tienes mucho que hacer te puedo compensar con un helado, de los que venden ahí enfrente, me han dicho que saben muy ricos.

Ella: Mas bien discúlpame regularmente cierro los ojos cuando corro, ya sabes pensando en encontrarme a una gran persona mientras choco (sonrió un poco) no tengo mucho que hacer, pero los helados de ahí no me gustan, te parece mejor si vamos a los que están a dos calles de acá a dos calles frente a Universidad.

El: Me parece perfecto, espero no choquemos con más personas si no nos tocara comprar el local entero.

Los echaron a reír un poco antes de emprender su camino, era la primera cita de ella en casi dos años era complicado que se negara a comer un helado, el por su parte seguía muy apenado, sus comentarios fuera de lugar y sus movimientos torpes así lo hacían notar, no es por presunción pero se les miraba mejor caminar juntos a ellos dos que a muchas parejas de las que yo conozco, después de un camino de dos calles, de dos helados dobles y muchas risas, era hora de volver a sus vidas cotidianas, él no pensó en besarla para no arruinar el momento, ella se sentía un poco triste ya que esperaba un beso de él, compartieron números de móvil y se despidieron cerca de 45 segundos duraran viéndose uno al otro, ella esperaba que él le diera un beso de esos que pasan a la historia, pero no sucedió así.

Después de un par de días él le marco a ella, era un poco tarde quizás la 1 de la mañana, no sabía que decir, incluso pensó que jamás le iba a contestar, pero no fue así, al cuarto tono ella contesto como si estuviera despierta, es más casi estoy por seguro que esperaba su llamada, charlaron por 45 minutos una charla bastante animada, por fin el habla tanto con una persona, pero bueno decidieron que era mejor verse y no charlar por teléfono así que quedaron de verse en un bar, un bar de esos son muy normales donde venden cerveza por litro y tocan nuevas bandas de rock, como era de esperarse compartieron más que la cerveza, compartieron historias, chistes, libros, abrazos, lágrimas y millones de sonrisas, hubo muchos momentos que cualquiera hubiera apostado que se iban a dar un beso pero el móvil de ella sonaba de números desconocidos como si en verdad alguien no quisiera que se besaran, pero ya venía la hora de marcharse, después de retirarse del lugar el la llevo a la casa de ella, se dieron un abrazo de esos que si hablaran dirían “no te vayas, espérate un rato más” después el silencio cayo un poco incómodo ella se decidió y le dio un beso, no un beso cualquiera es un beso de aquellos que logran parar las manecillas del reloj, aquellos besos que pareciera que el viento deja de soplar, donde la luna toma más luz del sol, de esos besos donde el destino se lamenta el haber hecho que se encontraran dos personas que no estaban destinadas, vaya era el mejor beso de todos los tiempos para que me entiendan, al separar sus labios se vieron a los ojos y se contaron sus vidas por medio la mirada, se volvieron a dar un gran abrazo y no se soltaron por los siguientes 4 años.

En esos 4 años pasaron tantas cosas, más cosas buenas que malas, él se sentía que era el rey del universo, él ahora pensaba que podía comerse la vida a mordidas con ayuda de su compañera de trinchera, ella estaba segura que este príncipe era el que estuvo esperando toda la vida, el ahora sabía que el amor existía y no era un pretexto para poder presumir a la mina en cuestión como un trofeo de  feria. Pasaron los días y el amor era más grande que la deuda de cualquier país tercermundista, era un amor muy diferente a lo que dicen los libros, las novelas, las telenovelas, las películas, era un amor como ninguno, era todo de color neutro, las peleas tenían la complicidad de que iban seguidas de un buen café y un buena pelea en la cama, poco a poco en la colonia hablaban de ese amor, las señoras chismosas no sabían de qué hablar cuando se tocaba el tema de ellos dos, pero como todo por servir se acaba la relación se fue apagando poco a poco con el paso de las mentiras y una que otra infidelidad, así que ella con el pretexto de reavivar la pasión decidió que era bueno irse de crucero por el caribe.

Un viernes por la tarde salieron de crucero partiendo del suelo mexicano y en 2 semanas volverían a regresar, los primeros tres días pasaron sin pena ni gloria, comiendo comida internacional, apostando en el casino que había ahí dentro, divirtiéndose con los chistes en la cena show, pero no pasaba nada más, hasta que el tercer día ella salió temprano con el pretexto de ver el amanecer, él se quedó en el camarote descansando un poco, ella conoció a un par de tipos italianos que se dejaron convencer por la belleza mexicana, se entendieron a la perfección, ella siguió viéndolos y haciendo cosas prohibidas por los días restantes, el por su cuenta conoció a una Tica, no hubo que platicar, la tica le contaba sus penas en la sabana y él le quitaba las penas en la cama, pero bueno el viaje funciono tanto para la relación que ahora ya no están juntos, ella ya no termino el viaje con él ni el con ella, ella se fue a vivir a la Toscana con uno de los italianos, el por su cuenta ahora vive en Liverpool, Liverpool casi esquina con Génova en la condesa Ciudad de México, ahora ya trae un bigote, anda en bici, tiene varias pinturas hechas por el que las exhibe en galerías en la misma zona, vaya es un tipo de lo más hipster en estos tiempos, de vez en cuando viaja a Costa Rica a visitar a la mina que conoció en el crucero procurando irse en el momento exacto para no volverse a enamorar.


Este pequeño texto salió como homenaje a unos buenos tiempos  acompañados de una gran canción de Lazcano Malo llamado – El rey del universo- que me hizo recordar demasiado retomando un poco la historia de la mina y el chaval.