jueves, 23 de agosto de 2012

Pinche destino, perfiero mi locura

“…Por que no sonríes, sabes tu eres muy diferente cuando regalas sonrisas, cuando no lo haces, pareciera que estas mentándole la madre al de enfrente…”


Caminando por las tranquilas calles del centro histórico, donde un día nublado amenazaba con lluvia una pequeña brisa lo anticipaba, la torre latinoamericana majestuosa como de costumbre contrastando con aquel cielo azul grisáceo, pensaba pasar por aquel Café por Bellas Artes para recordar que algún día con una mina ahí compartíamos algo mas que besos y un té Chai, pero bueno no pude hacerlo ya que estaba cerrado, pensé en un lugar a media calle del Zócalo donde hay un café Veracruzano, no es el mejor pero se me antojaba, así que me dirigí sobre aquella calle congestionada de Madero, volteando hacia los aparadores parecía como si fuera un fuereño, no se como llegue hasta un plantón de un grupo subversivo camine hacia donde había libros viejos (una pequeña debilidad ese aroma) empezó a ver títulos, esperando ver alguno de Verne, García Márquez o quizás algo de Neruda, cuando escuche una voz entre el tumulto de gente, se me hacia conocida la voz pero opte por no voltear hasta terminar de escuchar no quería verme como aquellos tipos paranoicos, recitabas Por que no sonríes, sabes tu eres muy diferente cuando regalas sonrisas, cuando no lo haces pareciera que estas mentándole la madre al de enfrente, voltea chico de la barba, la observe, quizás era una mala jugada del destino, quizás era una ilusión óptica, o quizás era la vida real, creo que la acertada fue la ultima opción, sonreí y me devolviste la sonrisa, te abrace y dije ¡maldita sea como te vine a encontrar acá! Sonriendo, respondiste con la misma sonrisa “ya vez te vengo siguiendo, esperando que no te robes nada” acompañado de un pellizco y una de mis frases comunes, hicimos las preguntas de rigor, y terminaste aceptando mi invitación a tomar un chocolate con el pretexto de mitigar el frio.



En la churrería “el Moro” tu pediste un Chocolate Francés yo me decidí por el especial, mientras llegaban las bebidas platicamos de cosas tan pendejas por no decir de otro modo, recordamos por ejemplo cuando nos vimos la primera vez, en aquel Resort entre Cancún y Playa del Carmen tus primeras palabras fueron, “No busques aquí, lo que no has perdido acá, aunque este lugar es mas bonito, lo tuyo no es de aquí” recuerdo que solo te observe y puse mi cara de seriedad, me dijiste “sonríe la vida no es fácil, pero uno es el que pone los pretextos” te sonreí de esa forma en que le mientas la madre a la persona, y comente, no pretendo encontrar lo que he perdido, aquí yo solo vengo a divertirme, no se porque dices eso, de tus labios salió “no quiero hacerme la interesante ni pretendo que tu lo hagas, que te parece si solo platicamos y dejamos que el destino haga lo que quiera con nosotros, no me digas tu nombre ni yo te diré el mio, no intercambiaremos ningún dato personal, para ver si nos volvemos a ver”, yo solo acepte y empezamos a platicar, te conté mi vida en los últimos 2 meses y tu creo que profundizaste un poco mas, nos despedimos con un beso en la mejilla y un abrazo, de aquellos abrazos tan ricos que jamás quieres soltarte, después de eso nos vimos 3 noches mas en el mismo lugar, platicamos de muchas cosas, libros, vidas pasadas, escritos, mentadas de madre, la cobardía, el constante huir, mis encuentros con la muerte, tus intentos de brujería, pero bueno, la ultima noche yo pensé que te vería la noche siguiente, tu sabias que no era posible, por eso te despediste un poco mas tarde y el abrazo duro un poco mas que los anteriores, yo sabia que había pasado algo, pero bueno se lo volví a dejar al destino.



Después de media taza de chocolate, me abrazaste, y me decías, cuídate mucho no quiero que te pase nada, atine a decir, tu no te dejes de preocupar yo se me cuidar espero que tu lo hagas también, sacaste mi Celular de la bolsa de mi camisa y nos tomamos una foto, seguíamos platicando ya de cosas mas normales como el por que nos encontramos en ese lugar cuando no éramos simpatizantes de ese grupo, terminando la taza dijiste que querías caminar un poco, me apresure a pedir la cuenta, tomaste mi celular y hurgaste un poco en lo que yo estaba pagando la cuenta, salimos de ese lugar como si fuéramos dos amigos de hace tiempo, caminando le mentamos la madre a Ebrard porque sigue cerrado el acceso a las bancas de la Alameda, caminamos por la acera de enfrente hasta que encontramos una banca desocupada, tu seguías extrañada del ¿Por qué me había regresado de Guadalajara? Y yo seguía tan extrañado del ¿Cómo nos volvimos a encontrar?, después de varias llamadas a tu móvil dijiste que tu mama decía que ya era hora de que te fueras, yo te dije que te quedaras, 5 minutos mas, accediste con la condición de que hicieras una llamada, no puse ningún pero y solo te observaba mientras intentabas enlazar la llamada, pero al parecer no tenias saldo, te ofrecí mi teléfono y con un gesto de desconfianza dijiste, es que no van a contestarme, te insistí, solo inténtalo, intentaste y al parecer si te contestaron dijiste la dirección donde estábamos dando santo y seña, colgaste y le picaste un par de veces al cel. antes de entregármelo, esos 5 minutos se convirtieron en 30, los cuales parecieron 2 minutos, sonó un claxon, tu me dijiste, no sigas huyendo ya es hora que te quedes a enfrentar tu destino, me diste un abrazo largo y un beso en la mejilla, solo atine a decirte cuídate mucho…



Llegando a casa apresure a ver la llamada para intentar localizarte pero el numero estaba fuera de servicio, intente ver la foto para subirte alguna red social y alguien me diera datos de ti, pero pareciera que la borraste y lo hiciste 5 minutos antes del respaldo diario del celular, ahora mientras escribo te recuerdo y atino a decir, Pinche Destino…


lunes, 13 de agosto de 2012

Es una LOCURA dejar de ser yo y no poder serlo


Llegue de trabajar temprano después de varios meses de no haberlo hecho, ese día era gris y lluvioso. En mi casa no había nadie que me esperaba, solo un libro de novela en mi estudio justo debajo de la lámpara que me hacía luz cada noche en los últimos meses antes de ir a la cama.

Ese día parecía que todo estaba planeado, no llevaba carro y ni siquiera un portafolio, llevaba un pantalón de casimir entubado y una camisa sin corbata. Al llegar todos estaban sorprendidos, el vigilante por poco no me reconoce. Había llegado caminando, estaba harto hasta ese día de saber del caos vial que consumía horas de mi vida antes de poder descansar para empezar una nueva jornada de trabajo.

Traía unos lentes oscuros como si me preparara de la resaca que sufriría esa noche. Toda apuntaba para terminar con mi moral y mis recuerdos aquel viernes que poca relevancia tenía el día que era.

Tome un taxi y llegue al bar justo un poco antes de que marcara la medianoche. Me acerque a la barra y ordene una cerveza de bote, nada especial solo esperaba que eso me ayudara a dejar de pensar. Saque de mi bolsa el celular que tenía, uno tan ostentoso que el solo pensar cuanto lo uso durante el día me producía fuertes dolores de cabeza.

Lo tome con la palma de mi mano y observe que la pantalla estaba un poco sucia y con los dedos índice y pulgar me puse a limpiarlo como si eso fuera a ayudar. Justo en ese momento una chica se acerco a un lado de mí y ordeno una cerveza.

De su pantalón justo saco un celular con una funda peculiar, el color rojo y azul que protegía el mismo modelo de celular que el mío, pero lo más curioso era el color que tenía. Justo ese rojo y azul me dejo anonadado como hipnotizado y sin poder moverme tan pronto empezó aquella mujer a cuestionarme.

-Tal vez sería mejor si me preguntaras mi número y así podría dejar de mirar mi celular- Lo decía en tono burlón, mientras observaba si es que mis ojos dejaban el celular para observar su escote que era observado por la mitad del bar.

-Todo lo que pudieras pensar en este momento de tu celular, no se acercaría ni un poco a lo que mi mente retorcida ha estructurado mientras tu escribías en ese celular – En tono aún más burlón mi respuesta no tenía nada de sentido y los colores de su funda de celular aún rondaba por mi cabeza.

En ese momento rió y con una mirada coqueta se acerco un poco más para empezar a hablarme al oído.

-Parece que tus respuestas, no son nada originales y por demás estúpidas, espero tu gusto por beber no sea igual, ¿Que tomaremos esta noche?- Lo decía entre dientes mientras con una exhalación sellaba su oración cerca de mi tímpano para provocar erizar cada centímetro de mi piel.

-Me supongo que si te ofrezco un tequila darás la media vuelta, pero si te ofrezco un whisky voltearas y aunque nunca lo hayas probado en tu vida pensarás que es una bebida magnifica, aunque su sabor fuerte a poco nos puede agradar.- Lo decía como burlándome de su edad tal vez igual que la mía, donde la embriaguez determina que tomamos.

Me tomo de la mano y con la cerveza en su mano empezó a bailar conmigo una canción conmigo tan pegados que entre la poca luz que había en el bar tan solo podía degustar sin ver los labios que rápidamente me besaban sin parar.

Salimos del lugar y abordamos su automóvil, justo el que no me gustaba pero ni siquiera en pintura. Salió del bar rechinando las llantas de su VW Bettle como nunca había observado en una mujer. Nos detuvimos en una tienda y las bolsas llenas de alcohol y cigarros marcaban la hora que esto empezaría y no terminaría tan rápido.

Llegamos a mi apartamento y como locos nos desvestimos tan rápido para terminar en mi dormitorio y tomar todo lo que habíamos comprado antes de llegar. El tiempo paso fugaz y la luz del baño me despertó. 

El ruido era notorio y aquella mujer estaba sentada frente del lavabo, tan solo admirando dos pequeñas pastillas.

-Justo era lo que yo decía el color azul y rojo de esas pastillas en el color de la funda de tu celular me llamaba ayer en el bar- Mi voz era tenue y como hipnotizado el recordar la última vez que había consumido una tacha de ese color hace ya unos años despertaron una sensación de ansiedad que me asfixiaba poco a poco.

Lo que paso durante y después de tomar una tacha de esas es describir algo que ahora no puedo, porque él solo pensar que había dejado de ser yo después de su efecto era lo que más angustiaba hasta ahora, la agonía de ser yo sin poder ser lo que era me aterra cada vez que miro el reloj y veo solo un bonito mido, justo a la misma hora. Las tres de la tarde hora de comer, pero mejor decido permanecer detrás de mi escritorio, acompañado de una taza de café.

Abrí el periódico aquel lunes y me puse a resolver el crucigrama en la hora de la comida.

HORIZONTAL
1.- privación del juicio o del uso de la razón

---L O C U R A---