viernes, 29 de julio de 2011

Buscando lo que nunca pretendía encontrar...

“…sobre todo lo que nunca olvidaba hacer, era un jueves al mes subirse a un bus e intercambiar libros que el ya había leído…”



El chaval tomo sus maletas cansado de estar de un lado para otro buscando aquello que nunca pretendía encontrar, ¿ilógico? El comentaba “Para que buscar la felicidad, eso le quita todo el chiste al juego de las escondidillas o a las canicas”.
Había muchos mitos acerca del chaval, irresponsable, flojo y un sinfín de calificativos, lo que la gente no sabia que cuando el chaval  se sentía cómodo, se marchaba del lugar, abandonaba todo, empezando desde el lugar donde rentaba, su novia o compañera de ciudad, sus amistades, su trabajo, pero lo mas sobresaliente es que el chaval buscaba siempre dejar una marca de que el paso por esos lares, y ¿como lo hacia? Quedándose en el corazón y en los recuerdos de las personas, lo único que le interesaba era ser querido y ser recordado, claro siempre lo lograba…

La historia prosigue con el chaval, había vivido ya en varias ciudades, en ellas había estado solo un par de años, vivía cómodamente, cambiaba de auto en cada ciudad todos de modelo reciente, comía en los mejores lugares y sobre todo lo que nunca olvidaba hacer, era un jueves al mes subirse a un bus e intercambiar libros que el ya había leído…

El chaval tenia en mente tener una vida diferente en cada ciudad hacia todo diferente y siempre obtenía los mismos resultados, dejando la renuncia en el empelo, terminaba en casa con dos tragos, el primero la bebida alcohólica local y el segundo un whisky 21 años, fumaba un par de cigarrillos, apagaba todos los medios de comunicación con el, y dormía por 10 largas horas, sin hacer caso a nadie ni a nada echaba sus cosas al auto y partía, solo dejaba un par de cosas, unos cuantos pesos y una eterna enamorada esperando su regreso…

Y así fue como el chaval encontró la muerte, buscando lo que nunca pretendía encontrar…

sábado, 23 de julio de 2011

UNA SONRISA DE LOCURA

Subí el volumen hasta el punto que marco MAX, y sin detenerme en la luz preventiva del semáforo acelere mi carro sin rumbo cierto. Las luces del bar hicieron que me estacionara unos momentos y cuando volví la vista a la puerta de acceso, ahí estabas.


Saliendo del bar con la mirada fija y una bolsa pequeña me daba la sensación que solo era parte de aparentar que tenias algo en mente. Y ahí fue donde me enamore de tu sonrisa, esa sonrisa que me hizo saber nunca te llegaría a conocer bien, una sonrisa que me decía que aun si intentara tratar de enamorarte esta noche.



Abrió la puerta del conductor y sin decir palabras tan solo se sentó en el asiento del copiloto, prendió un cigarro y me observo con una mirada que congelo la hoguera de mi corazón.

Arranque con un gran rechinido y tome la dirección a la carretera libre hacia el próximo poblado. Con poco contacto visual y tarareando la música del radio parecíamos ahora dos amigos incómodos en la mitad de la carretera.

Me detuve en el mirador y salimos los dos a fumar sentados en el cofre del auto. Su mirada y la mía por fin ahí se cruzaron lentamente y sentí arder mi cuerpo. Cuando abrí los ojos sentía cada centímetro de los labios que tocaban lentamente los míos me transportaban en una ilusión que no podía comprender, hacía un beso increíble.


Entramos en el bar del mirador y bailamos unas baladas. Mis manos rodeaban con fuerza su cintura mientras que sus dedos acariciaban mi nuca con gran locura. A la mitad de una canción saco dos pastillas de su bolso para ponerlas en su lengua y con un beso me compartió unas de ellas, para así bailar con la misma luna.

Con el recorrer de mis labios por su cuerpo cayó la noche en aquel motel que se encontraba a la mitad de la carretera y entre bebidas y una larga plática terminamos por contemplar el alba a través del balcón situado enfrente de la cama.


Con un cielo estrellado y la luna como única luz fueron suficientes para hacer el amor con esa gran chica con locura y desenfreno, guiados por nuestras almas que no eran tan distintas.

Al amanecer tan solo la carta encima de la almohada decía:


Con tus labios aprendí a besar de nuevo, con tus manos aprendía a sentir de nuevo y con tu alma aprendí a amar de nuevo.

Ese día me enamore de aquella sonrisa, esa sonrisa que me hacía enloquecer tan solo de recordarla, esa sonrisa que me recordaba que nunca la conocería tan bien…